10 años de Borja
Dentro de unos pocos meses se cumplirán diez años del fenómeno del “Ecce Homo de Borja”, la pintura que se hizo viral en verano de 2012 después de que se encargara su restauración a una artista amateur. Después han ido apareciendo otros desastres como esta escultura medieval de San Jorge que ahora se podría confundir con un caballito de tiovivo, o esta Inmaculada, que por lo visto se parecía a un modelo de Murillo antes de que alguien intentara “restaurarla” en junio de 2020. Con tantos casos como estos, puede dar la impresión de que en el siglo XXI se está tratando al patrimonio artístico con menos respeto que nunca.
La realidad es que noticias como éstas obedecen más a un fenómeno del mundo de la comunicación, revolucionado por Internet y las redes sociales, que a un fallo en los estándares actuales en lo que respecta al cuidado de obras de arte. Siempre se han hecho chapuzas de este tipo, y peores; lo que pasa es que muy poca gente las veía. No se convertían en un meme compartido por millones de personas en todo el mundo, pero existían.
Solo por poner un ejemplo: a principios de siglo XX, a un marchante desaprensivo le pareció buena idea cortar por la mitad este San Sebastián de El Greco para tener dos cuadros en vez de uno: una imagen religiosa, más difícil de vender a coleccionistas extranjeros, y una vista de la ciudad de Toledo, mucho más decorativa y deseable. Para ello, encargó a un “restaurador” que cortara el lienzo en dos y tapara las piernas del santo (muchos años después, el equipo de restauradores del Museo del Prado las encontró y eliminó los repintes). Por desgracia, este tipo de práctica no era tan rara. Hasta la segunda mitad del siglo pasado, quienes restauraban obras de arte no solían ser científicos sino artistas (más o menos escrupulosos y hábiles) y trabajaban con criterios muy distintos a los de hoy.
Si los dueños del Ecce Homo de Borja o la Inmaculada de Valencia hubieran recurrido a un profesional, ¿qué se podría haber hecho de manera diferente?
En primer lugar, sin duda, hoy en día un restaurador aplica los principios de preservación y reversibilidad: es imprescindible conservar todo lo que quede de la obra original, aunque esté en mal estado, y separarlo de los añadidos aplicando una capa de barniz de conservación. Así, en cualquier momento se puede volver atrás y eliminar el trabajo del restaurador sin dañar la obra. Otro criterio moderno es el llamado principio de mínima intervención: para rellenar un área en la que el original se ha desprendido, por ejemplo, se usa la menor cantidad posible de pintura sin tapar nunca lo que queda del original. Además, un restaurador moderno trata de utilizar su imaginación lo menos posible, mejorando la apariencia de la obra a partir de elementos que están presentes en la misma obra o en otras claramente relacionadas; para esto, lo mejor es que el restaurador consulte las decisiones con un curador experto en el tipo de obra de que se trate.
A pesar de lo que parezca, es más fácil que nunca cuidar bien de una obra de arte. La buena noticia es que Internet y las redes sociales (las mismas herramientas virtuales que han puesto al pueblo de Borja en el mapa) permiten acceder a servicios como los que ofrece Yellow Brix Studio.
Imagen de la “restauración” del “Ecce Homo de Borja”.
San Sebastián de “El Greco”